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Tributación en las herencias ¿Cómo se lleva a cabo?

Cuando fallece una persona y deja bienes a sus sucesores, éstos vienen generalmente obligados a pagar el conocido “Impuesto de Sucesiones”. Este impuesto grava la transmisión de bienes y derechos por causa de fallecimiento de una persona física.

El Impuesto de Sucesiones es regulado por la Ley 29/1987 y el RD 1629/1991 y se aplica en todo el territorio nacional, excepto Navarra y el País Vasco, que tienen un tratamiento más favorable, ambas con normas propias aplicables.

La cuantía del impuesto depende de los siguientes factores:

a) El valor de los bienes que reciba el heredero. El tanto por ciento que se paga es mayor cuanto mayor es el valor de lo heredado.

b) El parentesco con el fallecido: cuanto más lejano es el parentesco, más elevado es el porcentaje que se paga.

c) El patrimonio previo del que hereda: resultará más caro heredar a aquel con mayor patrimonio.

El plazo máximo para pagar el impuesto es de 6 meses desde el fallecimiento de la persona. Puede solicitarse una prórroga para la presentación por un plazo de otros 6 meses, con devengo del interés de demora. Una vez transcurrido dicho plazo, Hacienda cobra el recargo correspondiente.

Los documentos y autoliquidaciones relativas a este Impuesto pueden presentarse en cualquiera de las Delegaciones Provinciales de la Consejería de Economía y Hacienda, de la Comunidad Autónoma correspondiente que será: cuando se trate de adquisiciones “mortis causa”, la de la residencia habitual del causante. En el caso  de adquisiciones “inter vivos”, la del lugar en el que se encuentren situados los bienes inmuebles o, en su defecto por la residencia habitual del adquirente.

Si en la herencia existen bienes inmuebles urbanos, no hay que olvidar que habrá también que pagar la llamada plusvalía, impuesto sobre el Incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana, para lo que habrá que acudir al Ayuntamiento del lugar en que se encuentre el inmueble.

La novedad introducida en el Impuesto de Sucesiones, consiste en el establecimiento de una tarifa única, con tipos progresivos en función de la cuantía de la base liquidable. Estableciéndose también unos mínimos exentos en las adquisiciones «mortis causa» de considerable importancia, en forma de reducciones de la base imponible y en función de los grupos de parientes que se indican. Cuando se trata de descendientes menores de veintiún años, se tiene en cuenta la menor edad del adquirente para incrementar la reducción por su situación económica.

Cuando fallece una persona y deja bienes a sus sucesores, éstos vienen generalmente obligados a pagar el conocido “Impuesto de Sucesiones”. Este impuesto grava la transmisión de bienes y derechos por causa de fallecimiento de una persona física.

El Impuesto de Sucesiones es regulado por la Ley 29/1987 y el RD 1629/1991 y se aplica en todo el territorio nacional, excepto Navarra y el País Vasco, que tienen un tratamiento más favorable, ambas con normas propias aplicables.

La cuantía del impuesto depende de los siguientes factores:

a) El valor de los bienes que reciba el heredero. El tanto por ciento que se paga es mayor cuanto mayor es el valor de lo heredado.

b) El parentesco con el fallecido: cuanto más lejano es el parentesco, más elevado es el porcentaje que se paga.

c) El patrimonio previo del que hereda: resultará más caro heredar a aquel con mayor patrimonio.

El plazo máximo para pagar el impuesto es de 6 meses desde el fallecimiento de la persona. Puede solicitarse una prórroga para la presentación por un plazo de otros 6 meses, con devengo del interés de demora. Una vez transcurrido dicho plazo, Hacienda cobra el recargo correspondiente.

Los documentos y autoliquidaciones relativas a este Impuesto pueden presentarse en cualquiera de las Delegaciones Provinciales de la Consejería de Economía y Hacienda, de la Comunidad Autónoma correspondiente que será: cuando se trate de adquisiciones “mortis causa”, la de la residencia habitual del causante. En el caso  de adquisiciones “inter vivos”, la del lugar en el que se encuentren situados los bienes inmuebles o, en su defecto por la residencia habitual del adquirente.

Si en la herencia existen bienes inmuebles urbanos, no hay que olvidar que habrá también que pagar la llamada plusvalía, impuesto sobre el Incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana, para lo que habrá que acudir al Ayuntamiento del lugar en que se encuentre el inmueble.

La novedad introducida en el Impuesto de Sucesiones, consiste en el establecimiento de una tarifa única, con tipos progresivos en función de la cuantía de la base liquidable. Estableciéndose también unos mínimos exentos en las adquisiciones «mortis causa» de considerable importancia, en forma de reducciones de la base imponible y en función de los grupos de parientes que se indican. Cuando se trata de descendientes menores de veintiún años, se tiene en cuenta la menor edad del adquirente para incrementar la reducción por su situación económica.