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¿Cómo se gestiona una cuenta cuando fallece su titular?

¿Qué es lo que ocurre con el dinero depositado en una cuenta de ahorro o corriente cuando fallece el titular? ¿La cantidad depositada en dicho producto bancario pasa a manos de la entidad? Estas preguntas se abren paso tras el duelo de los familiares y conocidos por la pérdida de un ser querido.

Pero la realidad nos devuelve a la vida cotidiana y tenemos que conocer la respuesta a estas preguntas para dar continuidad a los recursos depositados por la persona fallecida.

Lo primero que hay que saber es que ninguna entidad bancaria o caja de ahorros «se queda» con el dinero del titular fallecido, incluso en el caso de que ningún familiar o heredero o descendiente directo no haya informado de la desaparición.

La entidad, en el caso de que nadie acabe reclamando los recursos depositados en dicha cuenta por el titular fallecido, puede declararla en «abandono» y seguirá pagando los recibos y facturas vinculadas a dicho producto o si en su defecto carecieran de dicha vinculación el banco retiene con el paso del tiempo el dinero existente hasta que aparezca alguna persona que los reclame.

Hay que distinguir si el titular fallecido era el único titular de la cuenta o si era cotitular.

En el primer caso, los recursos podrán ser gestionados por los herederos legalmente reconocidos (en el caso de que la persona fallecida haya registrado ante notario el documento de la herencia -testamento- con el nombre de los beneficiados) o los familiares de primer rango de descendencia en el caso de que dichos familiares hayan demostrado su condición y su vinculación familiar directa ante notario.

En el caso de que el fallecido sea cotitular de una cuenta corriente o de ahorros, el otro titular mantendrá el control sobre el 50% de la cantidad dispuesta en el producto bancario.

En cuanto a las cuentas bancarias del fallecido, es necesario saber qué podemos esperar del banco, y cuáles son nuestros derechos y obligaciones si somos herederos.

¿Qué deben hacer los herederos?

Lo primero es justificar ante el banco el derecho hereditario, presentando el certificado de defunción y el del Registro de Actos de Última Voluntad, más copia autorizada del último testamento.

A falta de testamento, será necesario que los interesados aporten el Auto de declaración judicial de herederos abintestato, o acta de notoriedad.

El derecho hereditario nos abrirá el paso a obtener información sobre las cuentas del fallecido.

Una vez justificado el derecho hereditario, debe acreditarse el derecho a la adjudicación de los bienes, para lo cual las entidades pueden exigir la documentación justificativa de la partición y adjudicación de bienes, que podrá formalizarse tanto en documento notarial como en documento privado, siempre que venga firmado por todos los herederos o sus representantes, según informa Helpmycash.

¿Qué debe hacer el banco?

Según informa el Banco de España, las entidades deben facilitar a quienes acrediten su condición de herederos información sobre las posiciones que mantenía el el fallecido, los movimientos habidos con posterioridad al mismo e incluso información sobre movimientos y operaciones concretas anteriores.

Antes de entregar los fondos a los herederos, debe asegurarse que los mismos ostentan tal condición, solicitando copia del testamento o de la declaración de herederos abintestato y de la aceptación y partición de la herencia, a efectos de determinar a quién debe atribuirse.

Ocasionalmente podrán admitir disposiciones puntuales antes de la adjudicación de la herencia, si estas vienen autorizadas por el consentimiento de todos los herederos, así como los referidos a los gastos de entierro o funeral habilitados por la Ley.

Las entidades de crédito han de ser extremadamente diligentes en el cumplimiento de estas formalidades, tanto para proteger los intereses de los coherederos que pudieran verse perjudicados por disposiciones indebidas del caudal hereditario, como para evitar, en el caso de que los herederos no acrediten el pago o la exención del impuesto, tener que hacer frente, en su calidad de responsables subsidiarios, al pago del Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

¿Y si consideramos que el banco no informa como es debido?

Podemos dirigirnos a la Administración Tributaria, siempre acreditando nuestra condición de herederos, para recabar datos sobre los rendimientos financieros que se le hayan podido imputar a la persona fallecida en los últimos ejercicios fiscales y que hubieran debido ser comunicados a Hacienda por el banco o bancos en que tuviera cuentas. De esta manera podremos saber en qué entidades tuvo cuentas el fallecido.

¿Qué pasa si la cuenta tenía más titulares?

Los órganos judiciales, intermediarios financieros, Asociaciones, Fundaciones, Sociedades, funcionarios, particulares y cualesquiera otras entidades públicas o privadas no acordarán entregas de bienes a personas distintas de su titular sin que se acredite previamente el pago del impuesto o su exención, a menos que la Administración lo autorice.”

Un segundo titular podrá hacerse con el 50% del dinero (capital por el cual tributa a Hacienda) sin pagar ningún impuesto hereditario. El resto se repartirá según el Testamento

Un autorizado (persona autorizada a realizar gestiones en la cuenta sin ser co-titular) dejará de estarlo desde el momento del fallecimiento del titular.

Por supuesto, tanto el co-titular como el autorizado podrían aprovechar esas horas de margen en que el banco aún desconoce el deceso para retirar el dinero, aunque ateniéndose a posibles denuncias de los herederos u otras consecuencias legales.

Fuente: Lavanguardia.es

Cómo se gestionan las herencias digitales

Los expertos aconsejan que para gestionar las herencias digitales el testamento debe incluir las claves de los archivos y cuentas del testador, además de lo que deben hacer sus herederos con su patrimonio digital.

La presencia cada vez mayor de Internet en la vida de los españoles hace que se planteen, a la hora de testar, cómo legar a sus herederos la cantidad de ficheros digitales, servicios on line y contraseñas con las que se entra en sus cuentas bancarias.

El abundante patrimonio digital, en el que se incluyen los derechos de uso sobre obras sujetas a propiedad intelectual de terceros (libros electrónicos, música o películas descargados de manera lícita), la visualización del propio álbum de fotos digital, los correos electrónicos o los activos financieros en línea, hace que los expertos aconsejen incorporar en el testamento las distintas claves y contraseñas para que los herederos puedan tener acceso a ellos.

En este sentido, la herencia digital es la sucesión hereditaria en todos los archivos, contenidos e información del fallecido en formato electrónico. Pero, ¿qué cautelas se han de tener en cuenta? Las claves de actuación sobre cómo legar un patrimonio digital se desvelan a lo largo del presente reportaje.

QUÉ ES LA HERENCIA DIGITAL

Hay que tener en cuenta que hay ya una generación de usuarios de Internet que se encuentra en la edad madura y, por ello, el patrimonio digital es una de las consideraciones que algunos españoles están empezando a incluir en sus testamentos.

Esta idea, que surgió hace algo más de tres años entre los internautas británicos, consiste en dejar en el testamento las contraseñas de sitios web para que, una vez que la persona ha fallecido, sus herederos puedan acceder a la información que poseía. Así, al igual que se heredan los bienes físicos, se pueden heredar también bienes y servicios digitales.

Pese a que en España aún no se ha popularizado la herencia digital, la generalización en el uso de ordenadores, smartphones y otros dispositivos electrónicos ha incrementado la cantidad de productos financieros y servicios on line. Entre ellos está el almacenaje de libros electrónicos, discos musicales, películas, vídeos familiares, cuentas en las redes sociales, además de suscripciones a revistas y periódicos en línea.

Sin embargo, la información más sensible e importante que se incluye en las herencias digitales es la relativa a los datos bancarios, la referente al trabajo del difunto y la contenida en las cuentas de correo electrónico. En este sentido, toda la información digital se originó, en su día, al suscribir el fallecido un contrato de prestación de servicios con la empresa que los ofrecía.

CÓMO SE GESTIONA EL PATRIMONIO DIGITAL

Preservar el patrimonio formado por todos los bienes y derechos y el resto de activos digitales acumulados por el difunto a lo largo de su vida está adquiriendo gran importancia, tanto a efectos jurídicos como económicos. Así, los abogados expertos en nuevas tecnologías y los especialistas en derecho de sucesiones aconsejan que en el testamento se mencione qué deben hacer los herederos con el patrimonio digital, además de incluir las distintas contraseñas y claves que posee el testador para acceder a la información.

De hecho, la transmisión hereditaria del patrimonio digital (conformada por derechos, cuentas, contenidos, licencias, etc.) tiene, en muchas ocasiones, un alto valor sentimental y monetario.

QUIÉN ES EL ALBACEA DIGITAL

Según se recomienda desde el Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona, para gestionar estas herencias sería necesaria la designación de un «albacea digital». Es una figura que aún no está recogida en el ordenamiento jurídico español y que, como conocedor de las nuevas tecnologías, actuaría como depositario de las claves de acceso del difunto.

En cualquier caso, todavía hay que dilucidar cómo se deben gestionar las cuentas de correo electrónico del fallecido, sobre todo, en lo que se refiere a la confidencialidad que merecen las personas que intercambiaron correspondencia con él.

QUÉ PRECAUCIONES HAY QUE TENER EN CUENTA

Para evitar posibles complicaciones posteriores, quien posee un patrimonio digital, debe tomar en consideración ciertas cautelas:

1. Debe otorgar testamento abierto ante notario, en el que se determine cómo quiere legar su patrimonio digital. El notario informa y asesora al testador de las diversas formas en que puede disponer de sus bienes y derechos suscritos en Internet. Aunque se trata de un documento de una gran trascendencia, hacer testamento tiene un precio muy asequible, pues cuesta menos de 90 euros.

2. La herencia digital puede tener implicaciones mucho más allá de los libros, la música o los archivos adquiridos o compartidos por el difunto. De hecho, la gran mayoría de los despachos de abogados incluyen ya, entre sus servicios, la planificación del patrimonio digital. El fallecimiento de una persona puede plantear a sus herederos una serie de contratiempos inesperados, desde problemas bancarios hasta el bloqueo de las cuentas de correo electrónico. Por ello, el testador ha de guardar las contraseñas y organizar su patrimonio digital para ahorrar disgustos a los herederos y facilitar la gestión de una herencia en la que hay activos digitales.

3. Una vez que ha fallecido una persona con patrimonio digital y cuentas bancarias en Internet, sus herederos han de personarse en las entidades donde tenía suscritas esas cuentas, para cancelarlas y solicitar las contraseñas y el reparto de los saldos. A quienes acrediten su condición de herederos, los bancos deben facilitar información sobre las posiciones que mantenía el causante cuando se produjo el fallecimiento, así como, en su caso, los movimientos habidos con posterioridad al mismo e, incluso, datos sobre operaciones concretas anteriores. Para que las entidades proporcionen las claves de las cuentas del difunto a sus herederos, estos deben presentar la siguiente documentación:

o Certificado de defunción: se solicita en el Registro Civil y da fe del fallecimiento de la persona.

o Certificado de últimas voluntades: se pide en el Ministerio de Justicia y, a través de él, se sabe si el individuo otorgó testamento.

o Copia autorizada del testamento o, en su defecto, de la declaración de herederos: si el fallecido lo hizo, hay que solicitar al notario una copia autorizada del mismo. De lo contrario, hay que hacer, también ante notario, una declaración de herederos.

o Escritura de adjudicación de herencia: se solicita ante notario y determina los bienes que componen la herencia del fallecido y establece cómo se reparten.

o Justificante de pago del impuesto de sucesiones: es la tasa que hay que abonar para cobrar una herencia y está transferida a las comunidades autónomas.

4. Los abogados reconocen la importancia de los correos electrónicos de un fallecido por la cantidad de documentación que pueden contener. De hecho, la información almacenada en una cuenta de correo electrónico puede ayudar a los herederos a emprender acciones judiciales, reivindicar créditos o acreditar el pago de deudas. Cuando el acceso a esas cuentas está regulado en el testamento y se han atribuido facultades expresas al albacea digital para actuar, se simplifica la actuación de los abogados que, de otro modo, tienen que valorar la legitimación del heredero que los contrató.

5. La ordenación de la información, imágenes y contenidos que haya podido realizar el fallecido en cada perfil de las redes sociales puede considerarse como una obra sujeta a propiedad intelectual. El resultado de un perfil social, aunque no incluya ningún elemento creado por su titular, puede encajar en el artículo 12 de la Ley de Propiedad Intelectual., que afirma que son objeto de propiedad intelectual las colecciones de obras ajenas que, por la selección o disposición de sus contenidos, constituyan creaciones intelectuales. Por tanto, se legitima la conservación y defensa de la historia personal que representa la red social. De cualquier manera, el heredero de una persona que ha fallecido no puede hacerse cargo de su perfil en las redes sociales, puesto que supondría un delito de usurpación de la identidad.

6. Tras un fallecimiento, todos los servicios de pago son, a menudo, cancelados por falta de abono o por el cierre de la cuenta del banco de la que era titular el causante, por lo que el difunto, a veces, deja deudas a sus herederos.

7. Lo más apropiado es que el testador revise las reglas y políticas de cada sitio web y que mantenga una lista accesible con todos los nombres de usuario, contraseñas y otras clavesrequeridas en las cuentas de Internet, con el fin de que los herederos puedan acceder a ellas con facilidad.

Fuente: Invertia

 

La crisis dispara las renuncias a las herencias un 40%

Superado el duelo del fallecimiento de un familiar, llega el momento de arreglar los papeles de la herencia. Hay herencias envenenadas, que llegan cargadas con más deudas que bienes.

Los herederos, en estos casos, pueden repudiar el legado. En la provincia los casos de renuncia van a más año tras año, tanto es así que desde que estalló la crisis se han disparado un 40%. En los últimos seis años, son 628 las renuncias registradas por el Colegio de Notarios.

Aún así, hay que decir que siguen siendo muchísimos más los herederos que aceptan los legados de sus familiares fallecidos; el año pasado, hubo más de 2.500 herencias aceptadas, frente a 130 renuncias. Es decir, que el porcentaje de repudiación ronda ahora el 5%.

A beneficio de inventario. Si bien es cierto que se heredan por igual bienes que deudas, también es igual de cierto que nadie está obligado a aceptar un legado.

Existe una fórmula legal, hasta ahora no muy utilizada, pero que los notarios aconsejan, y es aceptar la herencia a beneficio de inventario. Este mecanismo permite al heredero responder a las deudas que deje el fallecido solo con los bienes que éste le deja en su testamento, de tal forma que si hay más deudas que bienes no recibe nada en herencia, pero tampoco responde a las mismas con su patrimonio personal.

Lo que se hace es elaborar un inventario notarial o judicial de los bienes del difunto, se venden y se saldan las deudas; solo el remanente, si es que queda, va a parar al heredero. Si no hubiese dinero suficiente para pagar lo que el finado debía, no se heredará nada, pero tampoco tendrá que sacar dinero de su bolsillo.

Trámites legales que se deben gestionar tras el funeral

  • by Josemaria
  • abril 18th, 2013
  • Noticias

Es difícil lidiar con el dolor y prestar atención a los trámites legales que se deben gestionar tras la muerte de una persona. Aunque el fallecido pueda tener en regla su testamento, será necesario realizar diversos trámites que pueden generar, a su vez, impuestos y honorarios. Éstas son algunos de los procedimientos que se deben seguir una vez se ha producido el funeral del difunto.

Lo primero que se debe hacer es averiguar si el difunto ha dejado un testamento escrito.

Si existe un testamento se podrá saber pasados 15 días del fallecimiento. Para saber si existe testamento deberá reunir dos documentos: el Certificado de Defunción y el Certificado de Últimas Voluntades (si existiera se hallará en el Registro General de Últimas Voluntades). El impreso para solicitar el certificado está de venta en los estancos. Es aconsejable que un abogado u experto en la materia le asesore en estos difíciles momentos.

¿Se puede pedir el Certificado de Últimas Voluntades?

Sí, siempre y cuando dicha persona adjunte una copia del Certificado de Defunción, y conozca la información necesaria como el nombre, apellidos del difunto y la fecha de su muerte.

¿Qué sucedería si existe testamento? ¿Si existieran varios testamentos, cual sería el válido?

En el Certificado de Últimas Voluntades es donde constará todo pero no el contenido del testamento.

Si existieran varios testamentos, sólo se tendrá en cuenta el último realizado por la persona difunta. En el caso de querer obtener una copia del testamento deberá ser familiar y presentarse ante notario con el DNI.

Qué sucede si no hay testamento

A falta de testamento, los herederos serán llamados mediante la «declaración de herederos intestados». En este caso, es muy conveniente contactar con un abogado para que resuelva la sucesión.

Si los herederos que determina la Ley son ascendientes, descendientes o cónyuges del difunto esta declaración se puede resolver mediante notario.

En el caso de herederos lejanos, el llamamiento se hará vía judicial y se necesitará forzosamente un abogado si el patrimonio superara los 3.000 euros.

¿Puede un heredero repudiar la herencia?

Sí, el heredero tiene tres opciones. Puede optar por aceptar la herencia y adquirir todos los bienes y derechos del difunto pero también sus deudas, aceptar a beneficio de inventario (si hay duda de que las deudas superen a los bienes) o en último caso, repudiar la herencia.